Sunday, February 17, 2008

Sólo quiero implorar piedad, piedad señores, amigos y familiares, no más cadenas de Julian Beever, el wey que pinta y hace ilusiones ópticas en Europa y blah blah bláh...
PIEDAD!!!!!!

Tuesday, February 05, 2008

Se me acaba la peda.

Se aproximó el ruido a llegar a sus oídos, a expensas de una voz distorsionada, al tiempo de sus manos en continuo movimiento, donde el brincoteo, el sudor y los ojos rojos son el rasgo común de las personas.
Se inclina el whisky, se acomoda el vaso y puede percibirse en los sentidos el olor a dulce concentrado desinhibidor de gente con un "ligero e insignificante" grado de licor.

Alguna vez alguien me dijo "ese es el elixir de los hombres" , o algo parecido.
Resbalándose por las paredes, besando al hielo, deshaciéndolo poco a poco, se logra llegar al fondo. Estoy seguro que eso fue lo que me dijo o algo parecido. Normalmente el palpable ambiente de los cuerpos no te deja escuchar mucho.
Entre uno y otro trago, al final de la botella estaba ella, no " ella" la de ayer, ni ella la de hace rato, simplemente era otra ella y no sabía como llamarla.

Ella, bailándole a su misma sombra, al reflector del techo, desviando la mirada mientras pasa entre la mía, borracha, perdida, cumpliendo con otro rasgo común de los presentes, con el equilibrio ahogado, pero aun lo suficientemente estable para estar de pie no percibe que la observo desde atrás de los cristales.

Tragándome el aliento, espero a que pase algo, mientras sorbo a sorbo se ve distorsionada su silueta .

- Tres minutos, tres tragos.
- Dos minutos más y dos más.
Sigo en la misma condición que la observada.
- Un último y ya.
Esperando a través de la botella, que esta un poco vacía, se resbala el whisky entre los hielos, pero esta vez no llega al fondo.
Y ella, ya no está.
- Otra botella de whisky por favor.


Siempre lloro cuando le digo Adiós a algo, y ese algo ni lo nota.
Nunca nota mis pequeñas despedidas, caprichosas silenciosas y de repente...
todo se torna hacia la verga.
Así es.
A la verga.

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Se encontraba una mañana rebosantemente decaída.
Sentía que las nubes desbordaban agua sobre su cuerpo, incluso podía intuir que algo estaba evaporándose lentamente por el suelo.
La mañana se le iba a gotas y el calor de aquella agua en peligro de extinción comenzaba a detonar un ataque de asfixia de recuerdos no propios de países sin fronteras y de anhelos comunistas.

Alguna vez pensó en deformar la realidad, en manejarla al gusto.
Con espolvoreadas de sales, especies y cuanto fuera encontrando al paso del tiempo.
Jugó a la Diosa, al mandatario, al dueño, al chef.

Pero descubrió que eso no la hacia feliz.

Que al momento de jugar con platos fuertes, no siempre resultaba ser lo que esperaba.
A veces el vendedor intervenía en los manjares reales de esta pobre viuda y se rehusaba a darle los precisos condimentos. Otras veces, la carne no estaba del todo buena, los huesos de su amor inerte se quedaban poco a poco sin sabor, sin carne, sin sazón.
Y aunque en caldos todo rinde, con tomate, en salsa roja, limón a llantos, con pizcas de pimienta, escuetos de odio, semillas de brutales besos, de Sed, de ansias, de la nada y de todo. No todo combinaba al gusto.
Los restos de su amado habían perdido el toque.

Ya no valía la pena esmerarse en preparar las ollas, poner dos lugares en la mesa, sacar la vajilla vieja de la abuela, usar los más caros perfumes, el aroma a eneldo en los sartenes, las pastas invisibles de cuentos de una realidad profana.

Alguna vez pensó en deformar la realidad, pero le gustaba vivir entre sus sueños.

Y al paso del tiempo,
dejó de cocinar su anhelo.
Su llanto evaporó en los suelos.
El polvo hizo acto de presencia.

Por fin se despejaron las nubes.



Y no fue feliz tampoco.

Había una vez un individuo que siempre tenia sueño, pasara lo que pasaba no podía dejar los bostezos ahogarse dentro, ni mantener los ojos abiertos. Siempre procuraba dormir en los parques, en las bancas, en la escuela, en su casa, en el carro entre líneas entre ramas, entre lo que fuera. Tenia lo que se conoce como el don del acomodo adormilado (es decir en cualquier lado).

Un día le pregunte:
- Oye zombie.. ¿por qué duermes tanto?
y me dijo que estudiaba demasiado en la escuela, que paseaba mucho, que tenia conjuntivitis, que le ardían los ojos, que le crecía un ojo más grande que el otro y que esto le provocaba el sueño, que le molestaba el sol, que... realmente no dormía sólo pensaba entre ojos cerrados.

El punto es que pasaba la mayor parte del día abrazando sueños y viviendo irrealidades.
A veces este individuo pensaba o soñaba que en verdad iba a la escuela y estudiaba, que incluso había escalado las montañas, cazado un oso con sus propias manos, viajado en el tiempo y el espacio, luchando en la guerra de los zombies y viviendo un mundo alterno que confute a lo real con sueño.
Cuando despertaba no reconocía a la persona en el espejo, al que hablaba bostezando, al de los ojos verde lagaña, color rojo quiero sexo y café almendrita, un color muy extraño al parecer ... pero créeme sí existe.

Y este ente que dormía y dormía y entre sueños existía, tuvo una vez un día, o bueno, uno de esos días en que despertó y al no creer lo que veía, en una racha de impaciencia por no volver a lo que el creía ser real tomo un puñado de pastillas: prozac, diclofenaco, tempra, paracetamol, teraflu, diazepam y syncol (ya sé que no tiene sentido, pero que más da).
En ese andar de pesadilla con los ojos bien abiertos, con los sentidos despiertos, con la vista despejada ahora sólo color almendrita, se quedó boquiabierto cuando conoció a su hermana de 9 años, imagínate la dejo de ver cuando aún no caminaba, todo por andar dormido y deambulando todo el día.

En esa mal día donde todo era claro y constante con la luz alerta, pasó algo inesperado.
Algo que lo hizo pensar y meditar, reírse un rato de un montón de estupideces, sentirse bien, conocer a alguien que no dormía, era un algo real tangible, que podía tocar y sentir que era mucho más que esa realidad alterna con la que sueña o vive según su preferencia .

Una maravilla fue conocerla a ella, y al terminar el día, cuando la noche hace de las suyas, nuestro amigo se volvió a dormir y dejó pasar las horas y los días, reconstruyendo el mismo mal día en que la conoció.

Muy normal, muy normal: desperdiciar el tiempo, soñando con alguien que tienes enfrente.

  Se desperdicia mucho tiempo pensando en qué quieres ser de grande. En pensar y se piensa poco en disfrutar el momento .